Workshop: El SIRSD-S y la crisis del agua en Chiloé

Workshop: El SIRSD-S y la crisis del agua en Chiloé

El pasado 22 y 23 de junio se llevó a cabo en las dependencias de CECPAN un taller especializado que llevó por nombre “El SIRSD-S y la crisis del agua en Chiloé: Enfrentando la escasez hídrica mediante instrumentos de fomentos productivo”. Esta actividad tuvo por objetivo entregar a técnicos y agricultores herramientas teórico-prácticas que permitan el diseño y ejecución de prácticas de conservación de suelos y aguas, en el marco del Programa de Recuperación de Suelos Degradados. Lo anterior, con el propósito de incrementar la resiliencia de los sistemas productivos de la pequeña agricultura en el territorio ante el escenario global de cambio climático y la situación local de déficit hídrico que afectan al archipiélago.

La escasez hídrica en Chiloé

Según las estimaciones del cambio climático para Chiloé, hacia fines del siglo XXI se espera una disminución de la precipitación en un 25% durante el período invernal y un 40% durante el período estival. Sin embargo, ya en los últimos años la provincia viene enfrentando un complejo escenario de escasez hídrica, evidenciado por las millonarias cifras que cada verano invierten los municipios en la entrega de agua potable a sectores rurales. En la comuna de Ancud se entregaron cerca de 15.000 m3 de agua potable en camiones aljibe durante el año 2016. Los datos de la red agrometeorológica de INIA desde 2011 indican un balance negativo entre precipitación y evapotranspiración durante los meses de enero y febrero para distintas zonas del archipiélago.

Considerando la información aportada por el Censo Agropecuario 2007, este problema afecta gravemente a la ganadería y la producción de papas, los principales rubros agropecuarios en Chiloé, desarrollados principalmente por la pequeña agricultura. Aun no existe una cultura del riego, por lo que dichas actividades se desarrollan exclusivamente bajo condiciones de secano. Por otro lado, la alta erodabilidad de los suelos agrícolas, muchos de ellos delgados y con pendientes excesivas, como indican los estudios de CIREN, en conjunto con la alta erosividad de la lluvia y el viento en la zona, amenazan la sustentabilidad de los recursos edáficos en el mediano y largo plazo de no adoptarse medidas de conservación.

El fenómeno del déficit hídrico estival obedece a múltiples causas, dentro de las cuales podemos señalar el cambio climático, el cambio de uso del suelo, la erosión y la degradación de ciertos ecosistemas clave en la regulación del ciclo hidrológico, tales como las turberas y el bosque nativo. A diferencia de lo que ocurre en el continente, el archipiélago de Chiloé no posee glaciares que almacenen el agua en estado sólido, por lo que las cuencas se abastecen principalmente de la precipitación que se acumula en estos ecosistemas y en los suelos agrícolas, la cual es entregada lentamente a los acuíferos y cuerpos de agua superficiales, así como a los pastos y cultivos en forma directa. En este sentido, las prácticas agrícolas sustentables cobran un rol fundamental en garantizar el suministro hídrico intrapredial y a nivel de cuenca durante los meses más secos, contribuyendo de este modo a resguardar la seguridad alimentaria y el patrimonio agrícola de un territorio declarado por la FAO como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM).

El potencial del programa

La Ley 20.412 establece un sistema de incentivos para la sustentabilidad agroambiental de los suelos agropecuarios, conocido como SIRSD-S. Este instrumento de fomento, a cargo de SAG e INDAP, busca recuperar el potencial productivo de los suelos agropecuarios degradados y mantener los niveles de mejoramiento alcanzados. No obstante, desde su entrada en vigencia la aplicación del programa en Chiloé se ha visto limitada respecto de sus objetivos. De un total cercano a 250 millones de pesos entregados en la provincia durante 2016, casi un 80% se destinó a la incorporación de fertilizantes de base fosforada. Las causas no son del todo claras, pero se observa que, por una parte, los operadores acreditados no están comunicando a los agricultores la variedad de prácticas bonificadas y, por otro lado, no existen técnicos competentes ni se conocen experiencias aplicadas que permitan diseñar planes de manejo más integrales incluyendo, por ejemplo, prácticas de conservación de suelos y aguas. Bajo este concepto se entienden aquellas actividades que mantienen o aumentan la capacidad productiva de la tierra en áreas afectadas por o propensas a la degradación.

Zanjas de infiltración: acequias excavadas a intervalos sobre curvas de nivel, es decir, en forma transversal a la pendiente del terreno, cuya función es contener el escurrimiento superficial del agua y favorecer su infiltración en el suelo.

Canales de desviación: estructura que se sitúa en la parte superior o media de una ladera para capturar la escorrentía procedente de las cotas superiores, construida transversalmente a la pendiente con un ligero desnivel para transportar el agua a baja velocidad a un área receptora estabilizada.

Aguadas superficiales: unidad excavada cuyo objetivo es colectar y almacenar agua lluvia o de fuentes superficiales para disponer de agua de bebida para animales, permitiendo de esta manera el uso equilibrado del recurso pratense disponible.

Cortinas cortavientos: sistema para la protección de cultivos, ganado y recursos naturales, especialmente del suelo, que consiste en una o más hileras de árboles o arbustos perpendiculares al viento para reducir su intensidad, modificando el microclima en la zona protegida y puediendo también ser utilizadas como deslindes de predios, cercos e incluso para obtención de productos forestales.

Sistemas silvopastoriles: sistemas que integran árboles, ganado y pastos en una misma unidad productiva para alcanzar un mayor beneficio total en términos ambientales y productivos, generando forraje, productos forestales y no madereros.

El taller abordó estas buenas prácticas desde un enfoque teórico-práctico, siendo facilitado por los expertos Mauricio Calderón, docente de conservación de suelos en la Pontificia Universidad Católica, e Iván Moya, investigador de sistemas agroforestales del Instituto Forestal. Se revisaron distintos elementos conceptuales de diseño y ejecución de las técnicas, para posteriormente aplicarlas en terreno dentro de un predio ubicado en el sector de Calle, comuna de Ancud. La jornada finalizó con un ejercicio de elaboración de un plan de manejo integral incluyendo estas prácticas, cuyos impactos positivos en términos ambientales y productivos aún se encuentran subvalorados en el territorio.

Todas estas son prácticas multipropósito pertinentes de acuerdo al contexto de suelos, clima y actividades productivas de Chiloé. No requieren elevados costos de inversión y cumplen múltiples funciones agroambientales, tales como minimizar la evapotranspiración, el escurrimiento superficial y la erodabilidad del suelo, maximizar la infiltración y retención de agua, acumular agua superficialmente, etc. Son tecnologías complementarias y, en algunos casos, interdependientes, por lo que se apuesta a su bonificación e implementación integrada en los sistemas productivos del archipiélago.

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